El sector caprino ha sufrido un importante revulsivo en el último lustro. Las nuevas perspectivas de rentabilidad sitúan al ganado caprino en un papel relevante y protagonista dentro del panorama ganadero actual

Cualquier técnico-veterinario que ejerza su actividad a nivel de campo asume que los tres pilares básicos de la optimización de las producciones estriban en la sanidad, en la genética y en el manejo, siendo una parte importante de este último asiento la alimentación.

A nivel genético, las distintas razas caprinas productoras de leche han ido evolucionando a tenor la creación de los respectivos libros genealógicos, mejorando los diferentes aspectos relacionados con la producción (cantidad, calidad de leche, facilidad de ordeño, heredabilidad de los caracteres...), y han ido interconectando diferentes granjas gracias a la inseminación artificial que veterinarios de cooperativas, asociaciones y equipos libres llevan a cabo.

La sanidad ha ido evolucionando parejo a la mejora productiva, con rutinas preventivas asumidas como propias, provenientes de otras especies rumiantes (vaca y oveja). Las diferencias en las políticas autonómicas en cuanto a campañas de saneamiento caprino no han ayudado a la desaparición o disminución de prevalencias de enfermedades importantes en la producción.

La cabra es un animal peculiar en cuanto a hábitos nutricionales. Rumiante, de los que más en el ámbito doméstico, basa su alimentación en su rusticidad: el régimen extensivo y la actitud mixta (carne y leche), aprovechando zonas áridas, de escasa disponibilidad y calidad forrajera de las explotaciones caprinas de hace no más de una década, contrapone con la intensificación de las granjas actuales con mayores producciones de leche, manejo más estandarizado y con alimentación “a pesebre” al igual que su especies primas la vaca y la oveja puramente de actitud láctea.

La base alimenticia del ganado caprino en el pasado cercano era básicamente estos recursos forrajeros, acompañados, no en todos los casos, de granos de cereal (avena y cebada, principalmente).

El aprovechamiento de esos forrajes por parte de la cabra es debido a las siguientes peculiaridades de la especie caprina:

  • Cuanta menor calidad de los forrajes, mayor tiempo dedica el animal a la masticación y rumia del mismo.
  • Las flora celulolítica que se encuentran en el rumen, capaz de digerir esa fibra, es mucho más abundante que en otros rumiantes domésticos.
  • Debido a la adaptación a las zonas áridas, secas, el consumo de agua por parte de la cabra es menor, enlenteciendo así el paso del alimento por la panza, teniendo más tiempo para que actúen las bacterias anteriormente citadas.
  • Son animales muy selectivos, ingiriendo las partes digestibles, tiernas de las plantas, desechando así las estructuras más groseras y las más polvorientas.

Esto, unido a otras peculiaridades digestivas de la cabra, permite que la eficiencia productiva de las explotaciones originarias de caprino la hereden las nuevas y modernas granjas.

Luego, por ser un animal que basa su nutrición en los alimentos fibrosos, el saber en cada momento cuánto y de qué calidad es esa parte de su ración es de extremada importancia.

Para balancear la ración total que ingiere una cabra en las distintas fases de producción es necesario conocer los consumos de alimento (expresado en materia seca). El cálculo de los mismos es determinado por los diferentes sistemas de ecuaciones de cálculos de necesidades nutricionales. Uno de ellos, el INRA, francés, nos da indicación precisa de las mismas y de consumos en base a forrajes y concentrados.

Así pues, para chequear y valorar la parte forrajera de la ración y adaptar los concentrados a la ración total, la cooperativa COBADU dispone de un moderno sistema analítico, espectroscopía de infrarrojo cercano (NIR), con el cual, además, se pueden predecir los valores de los nutrientes del resto de materias primas empleadas en la nutrición animal, lo que conlleva una formulación más racional y real de las mezclas y piensos destinados a los animales de abasto, en este caso, la cabra.

Debido también a las inversiones constantes para la modernización de las fábricas de piensos granulados y la innovadora planta de mezclas, podemos adecuar y personalizar la ración a los forrajes producidos o adquiridos en cada explotación caprina.

Si bien es cierto que en la mayoría de ganaderías caprinas la gestión de adquisición de los forrajes la hace el ganadero, cada vez más se confía en el servicio técnico de la cooperativa y se va imponiendo el empleo de mezclas completas, con alfalfa deshidratada u otros forrajes, obteniendo así una alimentación uniforme y homogénea a lo largo de todo el año.

De una u otra manera, lo que COBADU trata es optimizar la ración total que la cabra ingiere, adecuarla al manejo y genética de la explotación y maximizar la producción lechera en cantidad y calidad, más aún cuando las liquidaciones de la leche de caprino se están generalizando según el rendimiento quesero o extracto quesero. Estas producciones y calidades son seguidas a pie de campo por los técnicos-veterinarios que trabajan en la cooperativa, lo que procura versatilidad y agilidad para adaptación a las necesidades de la explotación.

Además, la cooperativa ha ido adecuando sus servicios a las necesidades de los ganaderos de caprino, no sólo en alimentación como se menciona, sino también en la gestión integral de la explotación: manejo reproductivo (calendarios reproductivos, diagnóstico de gestación –ecografías-, inseminación artificial,…), asesoramiento sanitario (planes preventivos, patología en la explotación…), servicio de identificación (bolo o doble crotal), seguimiento general de la explotación y de las producciones, etc.

Con todo esto, COBADU ofrece un servicio integral al ganadero de caprino, ajustándose a los requerimientos de las explotaciones y a los nuevos compromisos que surgen en las ganaderías de caprino de los socios de la cooperativa.