¿Qué son los antimicrobianos? Son aquellos medicamentos que se emplean (en medicina humana y animal) para combatir las enfermedades causadas por bacterias, virus y hongos.  De ahí que podamos hablar de distintos antimicrobianos: antibióticos, antivíricos y antifúngicos. De ellos, el grupo más fácil de reconocer por todos son los antibióticos.

Fleming descubrió la penicilina en los años 20, del pasado siglo, aunque no fue hasta los años 40 cuando, gracias a otros dos científicos, Chain y Florey, se logró purificar y popularizar su uso para combatir las infecciones. En los antibióticos, durante éstos casi 80 años, hemos encontrado un  importante aliado en la lucha contra las enfermedades bacterianas tanto en medicina humana como en sanidad animal.

Desde hace años, se viene comprobando el aumento en la aparición de bacterias que han “aprendido”  a eludir el poder de los antimicrobianos, pudiendo hablar entonces de “bacterias resistentes a los antibióticos” A modo de ejemplo, cuando aplicamos un antibiótico en un individuo para combatir una enfermedad, destruimos y afectamos tanto las bacterias que queremos combatir, las dañinas,  como muchas otras que se encuentran por todo el organismo y que pueden tener un efecto beneficioso. Cuando estas bacterias desaparecen, su espacio es ocupado por otras que, beneficiosas o no, han superado el efecto del antibiótico. Éstas bacterias así seleccionadas pueden transmitir a su vez su resistencia a otras bacterias con las que comparten un espacio (el intestino por ejemplo) que en el caso de provocar enfermedad, no se verían afectadas por el antibiótico antes utilizado, haciéndonos perder, al menos un asalto, en el combate contra la enfermedad. Éste es sólo uno de los muchos mecanismos y vías por los que se generan las resistencias en las bacterias.  

La resistencia a los antibióticos es un problema creciente y a nivel mundial que ha hecho recapacitar a todos los países y que, a través los Organismos Internacionales en los que están representados (FAO, OIE, OMS) ha llevado a publicar numerosos documentos y directrices encaminados a promover el Uso Prudente de los Antibióticos tanto en medicina humana como en medicina animal, en el marco de lo que se conoce como “Una Salud”

Desde la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) se impulsó la creación de un plan estratégico y de acción para reducir el riesgo de selección y diseminación de resistencias, es por ello que se ha creado el  Plan Nacional frente a Resistencias a los Antibióticos (PRAN).  En el marco de éste plan,  en septiembre de 2016, en la sede de la AEMPS,  44 empresas, entre ellas COBADU,  representando al 70% del sector productor porcino español, concienciados todos de la importancia crítica que la colistina tiene para la salud humana, firmaron con la Agencia el “Acuerdo Para la Reducción Voluntaria del Consumo de Colistina en la Producción Porcina”

Durante el mes de noviembre se celebró en la sede del Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad, en Madrid, en colaboración con el MAPAMA, la Jornada del Día Europeo Para el Uso Prudente de los Antibióticos.  Dentro de los eventos que se desarrollaron en la misma, la Directora de la AEMPS, Dª Belén Crespo Sánchez-Eznarriaga, presentó los primeros resultados del Acuerdo de Reducción Voluntaria de Colistina, explicando que se había alcanzado una reducción del 82,37%  sólo en el primer año de vigencia del acuerdo, mostrándose muy optimista a la vista de lo conseguido y teniendo como objetivo que la reducción para 2019 sea del 90,2 % o mayor.       

Pero el plan de Reducción y Uso Prudente de los Antibióticos, es mucho más ambicioso. A la vista de lo comentado hasta ahora es fácil de comprender que no solo la Colistina está implicada en los problemas de resistencias. De manera que entre otras medidas puestas  en marcha dentro del plan se incluyen dos que nos van a marcar el paso desde ya mismo en cuanto a tratamientos en nuestros animales de producción se refiere.

Por un lado, existe una clasificación de antibióticos que los “enmarca” en tres categorías distintas de menor a mayor  nivel de restricción para el uso en las patologías más frecuentes en nuestros animales. Esto nos obligará a variar las terapias hasta ahora empleadas, no pudiendo utilizar antibióticos de un nivel de mayor restricción a menos que expliquemos su necesidad ante la ineficacia de los primeros utilizados. Eso puede requerir toma de muestras y su análisis que demuestren el correcto diagnóstico del problema a tratar así como la necesidad del empleo de otros antibióticos de mayor.

Y, por otro lado, a través del control de las prescripciones realizadas sobre cualquier explotación ganadera (las recetas) tanto el ganadero como su veterinario, tendrán que rendir cuentas ante la administración al menos en los casos en los que se empleen antibióticos de los niveles de restricción medio o superior, o en aquellos casos en los que el uso de antimicrobianos esté por encima de lo estimado como normal en cualquier granja, debiendo entonces justificar su empleo no sólo mediante el mismo  procedimiento antes indicado, sino también demostrando que el manejo, las prácticas realizadas y las condiciones en las que mantenemos a nuestros animales son las correctas.     

Nos encontramos pues, ante un nuevo reto lleno de incógnitas y desafíos, pero que superaremos con trabajo e imaginación como en otras ocasiones. En ésta, velar por nuestra salud, bien lo merece.